?No hay gen para el espíritu humano?
Va caminando Vincent hacia su gran sueño, el viajar en el espacio. Un no válido logra entrar a una gran empresa de astronautas y convertirse en el mejor de todos. Una gran trama de la película Gattaca, en donde la discriminación cruza otra frontera, ya no existe la diferencia de color de piel, ni el status socioeconómico, ni la nacionalidad, ni siquiera la inteligencia. En esta película logra plasmar la discriminación ante la genética.
¿Y cómo es posible dicha discriminación?, por medio de un estudio de sangre, de saliva, de iris o de orina, los médicos podían saber exactamente las posibilidades de las futuras enfermedades de los aspirantes del puesto en Gattaca, y así desecharlos como vil basura.
Ellos llamaban no válidos a los que habían nacido de forma natural, y los validos eran todos aquellos que nacieron bajo la luz de una probeta.
¿Simplemente, ciencia ficción? Me sorprendí al enterarme que Gattaca se hará realidad en un par de años, y que ahora en muchos países se está implementando estos tipos de exámenes para rechazar al que tenga la mayor probabilidad de enfermedades degenerativas.
Ahora las empresas europeas hacen un simple examen y con eso les basta para no contratar ni asegurar a las personas. Claro, sí puedes leer el expediente genético y saber qué deficiencias tiene un futuro trabajador, ¿para qué contratarlo?, sería una pérdida el creer en la inteligencia y destreza del aspirante.
Estamos viviendo en un mundo globalizado, en donde lo que importa son las tecnologías, la modernidad, los descubrimientos. Hemos dejado atrás la dignidad humana, ya sólo somos un objeto hueco, el cual puede ser leído de arriba abajo sin ningún resentimiento.
La pregunta será, ¿cuál trabajador es el mejor para el puesto, el inteligente que tiene un 70 por ciento de probabilidad que le dé un paro cardiaco a los 50 años, o un mediocre que tiene sólo el 30 por ciento?
Se los pongo menos complicado, qué es mejor ¿calidad o cantidad? Hemos llegado al punto que la cantidad es mejor. La discapacidad se ha volverá genética y muchos de nosotros ya no seremos útiles en la tierra.
Sin embargo, existe una luz en donde muchos, como es el personaje principal de Gattaca, Vincent Anton, están luchando por cerrar el acceso a la información personal. Están luchando a capa y espada por crear leyes que permitan protegernos de la discriminación.
Estas personas no están dispuestas a permitir que nos traten como un material más, ellos quieren acabar con un mundo esclavizado. En donde le tengamos miedo a los exámenes de rutina.
Estamos regresando a una era en la que no es permitido creer que todos somos iguales, que cada uno es dueño de su propio sueño y pueda lograr llegar a su meta por sus propias convicciones.
Suena paranoico, pero además de querer registrar nuestro cuerpo, también están registrando nuestra intimidad. No estamos protegidos, existen distintas formas por las cuales puedes ser vigilado.
Simplemente en Estados Unidos, están utilizando medios de revisión exhaustivas por medio del Facebook para contratar o no a los futuros profesionistas.
Por medio de estas redes sociales, han desechado a miles de aspirantes. Ahora ya no es necesario revisar un perfil psicológico. Con un clic les basta para crear un expediente amplio de tu vida personal.
¿Qué hacer ante esta situación que parece no tener control?, cerrar tu facebook, hi5 o Myspace. Empezar a hacer dieta, hacer ejercicios y tomar medicamentos para construir un bello templo con tu cuerpo. Dejar el cigarro, el alcohol, la coca cola, la comida chatarra para evitar futuras enfermedades, o simplemente hacer tu guardadito para comprar a los médicos y así no tener ningún problema con tu estudio clínico.
No, lo que se debe hacer es crear conciencia, y no porque vivamos en un mundo globalizado darnos por vencidos, siempre hay opciones. Y como lo hizo Vincent en Gattaca, uno debe de luchar por sus aspiraciones, y en vez de dejar que todo esto explote hay que lograr crear barreras que nos protejan de una futura discriminación. Por lo tanto llegar caminando, despreocupado, hacia el gran sueño, ser tú mismo.
¡SÍ EXISTE SANTA CLOS!
¡Oh! Hermosas vísperas navideñas. Luces de colores a lo largo de la ciudad, decoraciones navideñas engalanando las fachadas de nuestras casas y aquel rico frillito que nos da un buen pretexto para abrazar al prójimo, blanca Navidad, vaya que traes felicidad.
Atrás quedan todos los problemas de los que he hablado a lo largo del año en cada una de mis 33 amargadas columnas. En diciembre no hay espacio para los pesados negativos. Amor, bondad, gratitud y generosidad deben de ser los únicos sentimientos en nuestros corazones.
Qué hermosa es esta época en la que se nos da la oportunidad de expresar el amor que se le tiene a familiares y amigos por medio de numerosos regalos y costosas cenas en las que las botellas de buen vino y la comida abundante son los protagonistas. Es época de gastar miles de pesos en detalles para nuestros conocidos, comprarle un auto a la pareja y sentarse relajado junto a la chimenea con un vaso de Buchannans 18, fantaseando con los beneficios y múltiples alegrías que el siguiente año traerá.
Bueno, basta ya de platicar sobre la hermosa Navidad que le espera a Carlos Slim, ahora hablemos de lo que nos toca vivir en esta época al resto de la población.
Como niño sin duda Navidad era la época más feliz del año. Era hermoso el pensar que vivíamos en un mundo tan maravilloso y lleno de sorpresas, que llegaba al grado de permitir milagros mágicos como el que un amable regordete pudiera volar por los cielos acompañado de 12 renos regalando juguetes a diestra y siniestra simplemente por hacer feliz a la gente. Hoy en día con la tecnología y los constantes descubrimientos de la ciencia, realmente no me sorprendería ver a un hombre volando por los cielos, pero eso de que alguien regale cosas sólo por hacer feliz al prójimo, ahí es donde la veo difícil.
¡Oh! Blanca Navidad ¿en qué momento te obscureciste? Ahora veo las cosas desde el punto de vista de ?Santa Clos?, sí, ese pobre "Santaclos" que lleva trabajando ocho horas diarias de lunes a sábado durante todo el año y aun así se las está viendo negras para cumplir al menos con la mitad de las codiciosas cartas que los ilusionados chiquillos le escribieron.
Aquel infeliz regordete que ve tristemente cómo el cheque de su aguinaldo lejos de alcanzar para pagar los regalos de los niños y la cena navideña, apenas da para sortear los gastos de la gasolina de los renos y la comida de la semana. Realmente es mucha la presión que cae en los hombros de los "Santa Closes" y "Santa Closas" de hoy en día, no sólo tienen que lidiar con no desilusionar a sus ambiciosos infantes (los cuales gracias a la televisión y la mercadotecnia se han vuelto bastante selectivos en sus peticiones) sino que viven esta época con el ?fantasma de las navidades pasadas?, el cual se les aparece más de una vez en sus correos recordándoles el pago de tenencia y colegiaturas que les espera en enero.
Que difícil debe ser para "Santa Clos" cortar un pavo a sabiendas de que con la inversión que representó dicha ave hubiese podido pagar aquel recibo de luz que aún descansa sobre su escritorio, o la comida de cuatro días ordinarios.
Ahora que lo pienso, Carlos Slim no es el único que tendrá una muy feliz Navidad, me olvidaba de los amigos del Nacional Monte de Piedad, vaya que debe ser una gran época para ellos también. Diciembre es el mes que más empeños reporta, es el mes en el que una especie de magia indescriptible se las arregla para transformar estéreos, microondas y joyas, en carritos de control remoto, juegos de video, muñecas que hablan y balones de futbol.
Normalmente los padres temen al momento en que sus hijos descubren la verdadera identidad de "Santa Clos", pues piensan que perderán la ilusión. En mi caso sentí todo lo contrario, el descubrir que "Santa Clos" había vivido en mi casa toda mi vida y que aquel hombre que veía trabajar día y noche para mantener feliz a mi mamá y mis hermanos se las arreglaba para dar un esfuerzo extra y regalarnos una buena Navidad año con año, me llenó de orgullo y de ilusión, sí, la ilusión de algún día ser como él. Gracias Santa, te amo.