El regreso de Guízar

20 de Julio de 2009

Javier Guizar¿Alguien con sano juicio abrigaría el pensamiento que Javier Guízar Macías puede y quiere regresar al primer plano de la política jalisciense, después de aquel acto vergonzoso y deshonesto que hizo junto con su camarilla en contra de los candidatos del PRI a las alcaldías de la zona metropolitana cuando les madrugó con la imposición de sus candidatos a regidores en los primeros lugares de las planillas y que registró en el Instituto Electoral del Estado sin avisarle a nadie?

De querer regresar, está en todo su derecho, pero de poder, es otra cosa. Al menos lo está intentando y así operan sus personeros dentro del Consejo Político Estatal del PRI el cual lo consideran que le es favorable, así como la mayoría de presidentes municipales electos en el Estado.

Ahora que el PRI emerge como triunfador, los personeros de Guízar quieren vender la idea que el éxito se debió a esas nuevas caras que el entonces dirigente paritidista proyectó, como son los candidatos a las alcaldías de la zona metropolitana, como Jorge Aristóteles, Héctor Vielma, Miguel Castro y Antonio Mateos.

Querer arrogarse la paternidad del triunfo es un desfasamiento. ¿Qué trabajo político hizo Guízar y el propio PRI para derrotar al PAN? No creo que haya o hayan hecho mucho. El PRI ganó por el hartazgo frente a los actos de soberbia extrema que hicieron los panistas desde el Gobierno del Estado, el Congreso y los ayuntamientos.
Guízar y compañía más bien hicieron lo contrario.

Recordemos que a los famosos Javieres se les llegó a hacer un cuestionamiento de fondo: su pragmatismo y carencia de ideología los llevaba a ver la política y en su condición de opositores, como asuntos de negocios.

Sus críticos dentro del propio PRI les endilgaron el calificativo de “mercaderes de la política”, como lo hizo Juan José García de Quevedo, quien con esa agudeza y profundidad señalaría que el PRI tenía dos problemas fundamentales: de orden ético y moral. “El PRI ha dejado de lado toda proposición ética, toda proposición moral y se ha prestado a ser presa de un gobierno que ante la incapacidad para hacer política corrompe”.

Juan Quevedo –como se le dice también- hablaba de un priísmo en una fase de descomposición moral gravísima, que no es justificable y menos de un partido de oposición. Es un partido –subrayó- que se deja corromper, y el gobierno panista está atento a todo eso”.

Y en esa lógica, Quevedo concluía: “lo que veo es que el PAN hace la labor de oposición y el PRI hace papel de gobierno”.

Con esa visión de la política, los Javieres actuaron en razón de un pragmatismo orientados por la lógica del poder por el poder y que al propio PAN en el gobierno se la ha cuestionado, cuando se dejan los principios y la ideología de lado y se llega a hablarse de tú a tú con el cinismo y la hipocresía.

La memoria

En la política basta cometer un error, que los demás se vienen en cadena. Eso fue lo que le sucedió a Javier Guízar. Como a los panistas que perdieron este 5 de julio en Jalisco. Al líder de “El Javierato”, le ganó la soberbia y minimizó la inteligencia de aquellos que no formaban parte de su corte de lisonjeros. No tuvo la inteligencia para entender el papel de un líder, que debe actuar con madurez, pensando en la grandeza de la organización, más allá de una visión facciosa del poder.

Ese es precisamente el problema de fondo que enfrentan hoy los partidos políticos. Los grupos se convierten en facciones que actúan en la toma del poder como si se tratara de un asalto, sin considerar el valor de la ética y la moral. Ese es el pragmatismo corruptor y destructivo que irrita a la sociedad, por el agandaye en que actúan.
Como todo iluminado Guízar se sintió tocado por el dedo de Dios con una arrogancia que no se había visto en Jalisco, lo que llevó a perder objetividad en el análisis, despreciando a los demás.

Javier Guízar no pudo ser el líder que el priísmo requería. Pudieron más sus debilidades y la ambición desmedida por el poder, con la mala fama ganada a pulso de que no sabía honrar la palabra, lo cual demostró, cuando cobijado por la oscuridad se presentó con toda la documentación ante el Instituto Electoral y Participación Ciudadana de Jalisco para registrar las planillas de candidatos a regidores, sin tomar en cuenta a sus candidatos a alcaldes metropolitanos.

Ese tipo de actos ni en los tiempos de los todo poderosos gobernadores priístas se veía.
Guízar hoy quisiera regresar, pero el problema es que lo tuvo todo y lo perdió por su ambición y su soberbia. Ese es su gran problema.